Panamá y el legado de su Registro de Naves

Por: Vanesa Rosales

Desde hace más de un siglo, la bandera panameña ondea en miles de popas alrededor del planeta, como un hilo invisible que une océanos, conecta culturas y sostiene el comercio mundial. El Registro de Naves panameño no fue solo una innovación jurídica: fue una apuesta audaz que convirtió a Panamá en protagonista de la historia marítima global. Hoy, a 109 años de su creación, su liderazgo no se mide únicamente en cifras, sino en la capacidad de un país pequeño de abrir rutas gigantes, adaptarse a crisis y mantener la confianza y preferencia de Estados, armadores y usuarios finales.

El punto de partida fue la Ley 63 del 15 de diciembre de 1917, que en su artículo primero estableció los requerimientos para que las naves de cualquier parte del mundo recibieran el mismo trato legal que las naves panameñas. Esta sencilla regulación-marco permitió a Panamá establecer un sistema de registro marítimo que no exigía la nacionalidad panameña a los propietarios jurídicos o naturales de los buques inscritos. Con ello, se abrió la posibilidad de que las sociedades anónimas nacionales funcionaran como vehículos legales idóneos para la inscripción de naves.

En 1919, el carguero Belén Quezada se convirtió en la primera nave transferida al registro panameño, marcando el inicio de una expansión sin precedentes. Con la Ley 8 de 1925, se estructuró el concepto de registro abierto, lo cual atrajo rápidamente a compañías de Europa y Estados Unidos.

Este sistema abierto ofrecería seguridad jurídica, flexibilidad y reglas claras a armadores de todo el mundo. Esta decisión, tomada en un contexto internacional complejo marcado por la Primera Guerra Mundial, sentó las bases de un crecimiento sostenido que transformaría no solo al país, sino a la industria marítima internacional. Dicho enfoque responde a principios fundamentales del derecho marítimo.  Como explica la abogada Iria Barrancos “el registro de un buque constituye un acto de soberanía mediante el cual un Estado otorga su nacionalidad a una embarcación, sometiéndola a su jurisdicción, incluso en aguas internacionales”.

A lo largo del siglo XX, el registro panameño demostró una notable capacidad de adaptación. En períodos de conflicto como la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, la bandera panameña fue enarbolada como símbolo de neutralidad y continuidad, atrayendo flotas internacionales que buscaban estabilidad en medio de la incertidumbre. Armadores de países como Noruega, Grecia y Estados Unidos comenzaron a utilizar el registro de manera sistemática. El Estado panameño no es un improvisado en el manejo de situaciones geopolíticas límite.

Panamá adaptó su marco legal con normas clave como la Ley 40 de 1956 sobre hipotecas navales y se adhirió a la Organización Marítima Internacional (OMI) en 1958. El liderazgo del registro se materializó en 1993, cuando Panamá alcanzó el primer lugar mundial en flota mercante, tanto en número de buques como en tonelaje. Este hito fue resultado de décadas de reformas, cultivo de la confianza internacional y una estrategia enfocada en el servicio global. 

El  crecimiento del registro exigió una evolución de la infraestructura institucional: en 1998 se creó la Autoridad Marítima de Panamá (AMP), que permitió una gestión integral del sector ofreciendo el servicio completo que implica ser un Estado a favor del usuario.

Con la llegada del nuevo milenio, el entorno se volvió más exigente, en especial en materia de seguridad, cumplimiento y sostenibilidad ambiental. Panamá asumió la administración de su Canal, respondió con modernización tecnológica, digitalización de procesos y un enfoque en la transparencia. Incluso durante la pandemia de COVID-19, el registro mantuvo su liderazgo, garantizando continuidad operativa a la flota internacional. 

Más allá de su dimensión operativa, el registro tiene un impacto estratégico en la economía panameña. El sistema portuario fortalece la posición del país como eje logístico internacional. Además, genera empleo pleno y especializado, impulsa la demanda servicios técnicos y legales, y contribuye a la proyección internacional del país.

La competencia entre registros abiertos, junto con las crecientes exigencias ambientales y tecnológicas, exige mantener altos estándares de calidad, eficiencia y cumplimiento y tomar las decisiones necesarias para que el registro crezca y se desarrolle. En palabras de la licenciada Barrancos “El liderazgo de un registro como el panameño no solo genera beneficios económicos, sino que también implica responsabilidades claras: garantizar la seguridad de la vida humana en el mar, proteger el medio ambiente marino y asegurar el cumplimiento de las normas internacionales”.

Viento & Marea conversó con el Director General de Marina Mercante de la AMP, Ramón Franco, sobre los factores que han apalancado el liderazgo del Registro de Naves de Panamá:

VyM: ¿Cómo le gustaría que se recordara esta etapa dentro de la evolución histórica del registro?

RF: Me gustaría que se recuerde como el momento en que consolidamos un registro aún más robusto, seguro y confiable. Estamos impulsando una política orientada a la calidad, donde el cumplimiento y la reputación de la bandera panameña sigan siendo nuestros principales activos.                                                                        

VyM: Usted resalta la confianza en el registro de buques de Panamá.  ¿Qué representa esa idea?

RF: Cuando un armador decide abanderar un buque en Panamá no está adquiriendo únicamente un servicio administrativo. Está colocando su inversión bajo el respaldo de un Estado con vocación marítima y una trayectoria reconocida en la industria. Esa confianza es, sin duda, la mayor responsabilidad que tenemos como administración marítima.

A más de un siglo de aquel acto fundacional de 1917, el Registro de Naves panameño sigue siendo más que cifras y convenios: es la prueba de que un país joven puede escribir una historia inmensa.  El futuro que se abre ante nosotros no es una ruptura con el pasado, sino la continuación de una travesía que hoy nos permite acompañar a nuestra clientela hacia el éxito.

Debida diligencia: un faro de confianza sobre mares de incertidumbre

Por: Klenya Morales y Einar Valdés

El buque está listo. El casco ha sido inspeccionado, los certificados reposan en carpetas ordenadas y la tripulación aguarda la autorización final. En cualquier momento, la bandera panameña ascenderá por el mástil. Ese gesto —breve, solemne— sellará su nueva nacionalidad.

Pero falta un detalle. La nave debe atravesar un examen que no se aprecia desde cubierta: un filtro discreto que revisa su historial, identifica a sus propietarios y evalúa los compromisos internacionales que el Estado asumirá al incorporarla bajo su jurisdicción.

¿Qué es la debida diligencia?

Es un proceso de verificación que busca identificar riesgos y confirmar el cumplimiento normativo antes de concretar acuerdos, contratos o relaciones comerciales—como el abanderamiento, en este caso. En el ámbito marítimo, implica revisar antecedentes de armadores, operadores y embarcaciones para evitar vínculos con actividades ilícitas, sanciones internacionales o incumplimientos regulatorios.

Esta investigación protege a Panamá de convertirse en refugio de prácticas cuestionables y que asegura que cada barco bajo su bandera cumpla con estándares internacionales en diferentes rubros.

En Panamá, las firmas legales deben aplicar la Ley 23 de 2015 y regulaciones posteriores, que establecen medidas contra el blanqueo de capitales, financiamiento del terrorismo y proliferación de armas. Esto incluye verificar la legitimidad de las operaciones y mantener registros actualizados.

Al respecto el Licenciado Eduardo Segura, abogado maritimista y socio fundador de la firma De La Rosa y Segura, elabora sobre este papel clave: “El agente residente de una nave tiene sus roles y funciones muy bien definidas en la ley, atribuyéndole un papel importante como punto de enlace entre el propietario del buque y la Dirección General de Marina Mercante (DGMM) de la Autoridad Marítima de Panamá (AMP). Si bien el trámite administrativo de una nave no se ubica listado en aquellas actividades sujetas a supervisión, los abogados que habitualmente apoyan la industria marítima local,  participan en la constitución de sociedades, financiamientos, compraventa de activos o transacciones internacionales, ámbitos en los cuales, la debida diligencia se desarrolla de manera imperativa y muchas veces bajo un estándar muy exigente, por lo que forma parte del ejercicio cotidiano de la profesión”.

En atención a la Ley 23, los abogados panameños son sujetos obligados no financieros, específicamente en atención a su rol de agentes residentes de las sociedades propietarias de buques, lo que los convierte en responsables directos de recopilar y custodiar información sobre clientes y beneficiarios finales. Es deber de los agentes residentes verificar la procedencia de los fondos, la documentación de las sociedades y reportar operaciones sospechosas a la Unidad de Análisis Financiero (UAF).

Tipos de Debida Diligencia en el sector marítimo          

Nivel

Características

Ejemplo de aplicación

 

Diligencia Básica (DDB)           

Revisión de información pública y listas de sanciones.

Contrapartes en jurisdicciones con alta transparencia regulatoria. 

Diligencia Reforzada (DDR)

Identificación de beneficiarios finales, declaraciones de cumplimiento.

Empresas en países con controles débiles sobre exportaciones. 

Diligencia de Integridad (IDD)

Investigación exhaustiva, visitas in situ, asesoría legal externa.

Multinacionales con operaciones en múltiples jurisdicciones de riesgo.

Este esquema permite adaptar el nivel de escrutinio según la naturaleza de la transacción y la tolerancia al riesgo de la organización. El proceso ha evolucionado hacia un enfoque basado en riesgos, incorporando herramientas tecnológicas, intercambio de información y desarrollo de instrumentos legales que permiten actuar con mayor eficacia ante posibles incumplimientos. 

Eduardo Segura aporta que “recientemente en el Comité Jurídico de la Organización Marítima Internacional (OMI), que se reunió del 13 al 17 de abril en Londres, fueron aprobadas una serie de directrices para la prevención de registros fraudulentos y uso indebido de pabellones”.

 La amenaza de las flotas fantasma

Un desafío creciente para la industria marítima es la proliferación de las llamadas flotas fantasma: redes de cientos de tanqueros, principalmente petroleros, operados por compañías que han sido vinculadas al transporte de crudo proveniente de países sancionados, las cuales navegan al margen de la vigilancia internacional.

Estas naves recurren a prácticas como el trasiego de carga de barco a barco (Ship to Ship – StS), con el fin de borrar el origen verdadero de los productos y evadir sanciones. Suelen carecer de pólizas de seguro adecuadas, navegar bajo banderas de Estados que aplican controles más flexibles respecto a regulaciones internacionales y, en muchos casos, son barcos viejos y en malas condiciones.

La Organización Marítima Internacional (OMI) considera parte de la flota fantasma a aquellas embarcaciones que:

• Evitan inspecciones de autoridades de puerto y bandera.

• Operan sin seguros adecuados.

• Son gestionadas por organizaciones que no garantizan seguridad ambiental ni laboral.

• Ocultan su posición real para dificultar la detección.

Estas operaciones representan un riesgo enorme para la seguridad marítima, el medio ambiente y la reputación de los registros que las acogen. 

Aquí es donde la debida diligencia, tanto de la Autoridad Marítima de Panamá (AMP)  como de las firmas de abogados, marca la diferencia. Mientras las flotas fantasma buscan refugio en registros laxos, Panamá refuerza sus controles para evitar que su bandera sea utilizada en estas prácticas.

Las solicitudes de debida diligencia son procesadas a través de firmas de abogados panameñas y los Consulados de Marina Mercante, quienes presentan la información requerida conforme a lo establecido en el Aviso de Marina Mercante (MMN) 11/2024. 

Una vez recibida la solicitud, se realiza una verificación exhaustiva mediante distintas plataformas especializadas, que incluye: 

•      Revisión de antecedentes de propietarios y operadores.

•      Cumplimiento estricto de convenios internacionales.

•      Auditorías y cooperación con organismos multilaterales.

•      Consulta de listas internacionales de sanciones (OFAC, UK, ONU, UE)

•      Revisión técnica del historial de deficiencias del buque.

•   Evaluación de detenciones recurrentes en inspecciones de control por el Estado rector del puerto (PSC).

•      Análisis de deficiencias registradas.

•      Revisión de la bandera de procedencia de la nave.

•      Tipo y edad de la nave

•      Evaluación de otros parámetros establecidos en la matriz de riesgo de la AMP.

De esta manera, Panamá se distancia de registros opacos y se erige como un referente de transparencia y responsabilidad en el comercio marítimo global. Este conjunto de criterios permite analizar y determinar si una nave es apta para enarbolar el pabellón del Registro Panameño (Precheck).

La bandera panameña ofrece ventajas competitivas: costos accesibles, flexibilidad administrativa, apoyo técnico alrededor del mundo y reconocimiento internacional. Sin embargo, su tamaño y apertura la hacen vulnerable a abusos. En los últimos años, se han señalado algunos casos de embarcaciones bajo bandera panameña vinculadas a actividades ilegales, evasión de sanciones o incumplimientos ambientales.

La transparencia es el único camino

La debida diligencia no es un trámite burocrático: es una política de Estado. Representa la garantía de que Panamá seguirá siendo un puerto digno de la confianza global. La AMP ha respondido a sus desafíos con medidas firmes: fortalecimiento de requisitos, cooperación internacional y auditorías constantes. 

Nuestro país ostenta el registro de naves más grande del mundo, en cantidad de naves según el World Fleet Monitor de Clarksons Research; lo cual representa más del 13% del tonelaje internacional bajo su pabellón. Sin embargo, conservar esa posición exige más que volumen: requiere transparencia, cumplimiento y credibilidad.

En los últimos años, Panamá ha reforzado sus controles para proteger la integridad de su registro, depurándolo mediante la exclusión de alrededor de 600 naves, mediante la toma de medidas como la de no aceptar tanqueros o graneleros de más de 15 años de edad, documentada  en la precitada MMN 11/2024.  Esta decisión estratégica refleja una elección consciente: priorizar la calidad sobre la cantidad. Con ello, Panamá demuestra que su liderazgo en abanderamiento no se mide únicamente en cifras, sino en la responsabilidad y confianza que proyecta al mundo.

“Esta realidad, exige formar alianzas entre el sector privado y el público para una identificación clara sobre quiénes pueden o no registrar un buque y fortalecer los controles de admisibilidad, sin desmejorar el dinamismo y la competitividad que siguen siendo factores determinantes para el éxito de la bandera. Se ha desarrollado una cultura de verificaciones prudenciales lo que se suma al propio sistema panameño a través de la AMP (Precheck),”  acota el licenciado Segura.

Allí donde otros ven incertidumbre, Panamá ofrece certeza. Allí donde otros dudan, Panamá responde con integridad. Y esa es nuestra verdadera fortaleza: ser líder global con credenciales éticas y sostenibles.

Navegación Autónoma: el futuro es hoy

Por: Joaquín Díaz

Podría sonar como un eco de la literatura industrial del siglo XIX, cuando el novelista francés Emile Zola describía la irrupción de las máquinas en faenas que antes eran patrimonio exclusivo de los hombres, o cuando Dickens retrataba la tensión entre la mano humana y el engranaje metálico. Hoy, esa misma pregunta resurge en el mar: ¿qué ocurre cuando los buques comienzan a navegar sin capitán ni tripulación?

La aparición de los Maritime Autonomous Surface Ships (MASS) obliga a repensar si deben considerarse simples “drones marítimos” o verdaderos buques bajo la legislación vigente. Esta redefinición no es un detalle técnico: es la llave para que Panamá, potencia registradora de naves, pueda regular y acoger embarcaciones de nueva generación. En un mundo donde la industria marítima internacional vive una transformación acelerada, el país se enfrenta al reto de decidir si quiere ser espectador o protagonista de la revolución autónoma.

Redefinición del concepto de buque

La aparición de naves autónomas obliga a preguntarse si estos deben considerarse drones marítimos o verdaderos buques bajo la legislación vigente. La solución de esta interrogante es clave para que Panamá pueda registrar y regular embarcaciones de nueva generación.  De aquí el primer reto jurídico de la nueva figura.

Al respecto, Margareth Mosquera, abogada panameña especialista en Derecho Marítimo, subraya que las leyes deben evolucionar hacia una definición integradora: un reconocimiento del concepto de “buque”, capaz de abarcar estructuras destinadas a la navegación sin importar su finalidad.

Entre control humano y algoritmos invisibles        

Félix Sarlat, Ingeniero en Ciencias Náuticas con especialidad en MASS, advierte que la convivencia entre buques tradicionales y autónomos traerá ventajas —como la rebaja o eliminación del riesgo de accidentes causados por el factor humano debido a diferentes variables como: la reducción de fatiga, errores, método de respuesta ante incidentes, seguimiento de instrucciones, evitación de colisiones o encallamientos, entre otros.

Pero para los Sistemas de Navegación Autónoma (SNA) se generarían otros riesgos, que, a diferencia de los buques convencionales, no representan un riesgo tan significativo como lo son la ciberseguridad, fallo en los sensores, latencias o pérdidas de la señal, por colocar sólo algunos ejemplos.

 GRADOS DE AUTONOMÍA DE LOS SISTEMAS DE NAVEGACIÓN

  • Grado uno: Buque con procesos automatizados y apoyo a la toma de decisiones. Los marinos están a bordo para operar y controlar los sistemas y funciones a bordo. Algunas operaciones pueden estar automatizadas y, en ocasiones, no supervisadas, pero con marinos a bordo listos para asumir el control.
  •  Grado dos: Buque teledirigido con marinos a bordo. El buque se controla y maneja desde otro lugar, pero hay tripulación que entra en juego en caso de emergencias.
  • Grado tres: Buque teledirigido sin marinos a bordo: El buque se controla y maneja desde otro lugar. No hay marinos a bordo.
  • Grado cuatro: Buque totalmente autónomo: El sistema operativo del buque es capaz de tomar decisiones y determinar acciones, sin intervención humana.

Franklin Espinosa, quien lidera la Oficina de SEGUMAR Tokio, destaca que, en la realidad panameña.  “El grado más viable y recomendable sería el 1, con posibilidad de grado 2— donde aún existe supervisión humana a bordo o en tierra—, dependiendo del tipo de operación”.

La vida humana como valor supremo        

Cuando a mediados del siglo pasado el escritor Isaac Asimov imaginó sus Tres Leyes de la Robótica, colocó en el centro la protección de la vida humana, la obediencia a las órdenes y la preservación de la propia máquina. Hoy, esas leyes parecen resonar en los siete mares, donde los MASS comienzan a desafiar la frontera entre ciencia ficción y realidad.

La Organización Marítima Internacional (OMI) sostiene como pilares la salvaguarda de vida humana en el mar, la protección ambiental y la seguridad de la navegación. Para los MASS, esto implica nuevas regulaciones que entrarán en vigor de forma obligatoria en 2032, tras una fase de pruebas y acumulación de experiencias (2026–2028). 

La reducción de tripulación no elimina la necesidad de protección laboral. Mosquera propone ampliar el concepto de “gente de mar” hacia “trabajador marítimo”, incluyendo a operadores remotos y técnicos en tierra.

La visión de Panamá es clara: liderar el sector marítimo hacia una nueva era donde la tecnología y la experiencia humana trabajen en armonía para ofrecer un transporte marítimo más seguro, inteligente y sostenible. Al adoptar la innovación y, al mismo tiempo, mantener los más altos estándares de gobernanza y seguridad, Panamá no solo responde al cambio, sino que marca el rumbo.

Cuando las piezas encajan   

Los tres especialistas consultados coinciden en que la autonomía depende de la integración de tecnologías avanzadas:

  • Sensores y sistemas de navegación inteligentes (Inteligencia Artificial para detección de riesgos y optimización de rutas). 
  • Ciberseguridad robusta, para evitar accesos no autorizados y pérdida de control.
  • Redundancia en comunicaciones y posicionamiento, como los proyectos británicos que buscan independencia del Global Navigation Satellite System (GNSS).
  • Interfaces humano–sistema, que permitan supervisión clara y toma de control inmediato en caso de fallas.

Espinosa enfatiza que la autonomía no implica un buque “nuevo”, sino una evolución del puente de mando y de la forma en que la nave interpreta su entorno.

En blanco y negro    

Ejemplos como el Evermax de Evergreen, que navegó más de 5,000 millas náuticas de forma autónoma en 2025, muestran que esta tendencia ya es una realidad. Japón, Corea del Sur y Europa del Norte lideran proyectos piloto, mientras que el Reino Unido utiliza sus aguas como “laboratorio vivo” para pruebas de nivel 3 y 4.

Panamá, por su parte, ha autorizado ensayos de buques MASS bajo bandera nacional, como el Iris Leader, que cumplen con las directrices provisionales de la OMI. Esto demuestra la disposición del país para apoyar a armadores y operadores en la transición tecnológica.

A nuevas realidades, nueva regulaciones

El reto para Panamá es doble: 

  1. Actualizar la legislación marítima para reconocer y regular los buques autónomos y la legislación laboral marítima, para seguir protegiendo los nuevos roles humanos en esta cadena de nuevas realidades.  
  2. Formar competencias técnicas en su personal, para asegurar que quienes conocen los buques tradicionales puedan adaptarse a los nuevos sistemas.

Mosquera enfatiza que el derecho debe ajustarse a la realidad tecnológica, no al revés. La regulación debe prever responsabilidades en caso de accidentes: ¿será responsable el creador del software, el armador o el fabricante del casco?

La marina mercante panameña abanderada por el Registro de Naves de la Autoridad Marítima de Panamá (AMP), tiene la oportunidad de reforzar su posición si logra adaptarse rápidamente. Los MASS representan:

  • Ventajas: reducción de costos operativos, mayor seguridad frente al error humano, competitividad internacional. 
  • Desafíos: elevada inversión económica en infraestructura portuaria y software, capacitación de personal, actualización normativa y gestión de riesgos cibernéticos. 

Sarlat resume el reto en una sola palabra: “Sinergia”. La integración segura y eficiente de la navegación autónoma requiere cooperación entre tecnología, puertos, autoridades y tripulaciones.

La supervivencia del más apto: identificando oportunidades        

Los entrevistados reflejan trayectorias que combinan experiencia operativa, visión regulatoria y compromiso institucional. Sus aportes ilustran que la transición hacia la autonomía no es solo tecnológica, sino también humana y cultural.

El código MASS hasta el momento resalta las siguientes posiciones “nuevas”: Remote Operators or Pilots, MASS Captain, Remote Marine Engineers, Remote Operation Center Supervisor y MASS Data Analysts/Operator, entre otras.

La aprobación de sistemas autónomos por la marina mercante panameña marca el inicio de una nueva era, donde la tecnología y el derecho convergen para garantizar seguridad, sostenibilidad y competitividad. El desafío es enorme, pero también lo es la oportunidad: consolidar a Panamá como pionero en la regulación y operación de buques autónomos.

“El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas.”

William Arthur Ward

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