La acidificación oceánica: una amenaza silenciosa

Por: Mariel Laguerre

El mar es un tesoro que el planeta nos regala. Escuchar el compás de sus olas se convierte en un acto de meditación consciente, que nos invita a reflexionar sobre la belleza y el equilibrio de un ecosistema que, en ocasiones, olvidamos cuidar.  Las aguas se despliegan ante nosotros como un lienzo en constante cambio: conchas narran historias ancestrales, cangrejos que se deslizan en un baile sutil a lo largo de la costa o aves expectantes que aguardan el instante exacto en el que su presa se atreva a emerger.  Sin embargo, detrás de esta armonía natural se ocultan peligros, capaces de desestabilizar la diversidad marina.  

Mientras que algunos efectos son evidentes, existen otros menos perceptibles pero igualmente dañinos. En particular, la acidificación oceánica, —también conocida como “el gemelo malvado” de la crisis climática, y que es causada por el aumento en la absorción de CO₂— está alterando el equilibrio químico de los mares y océanos. Este fenómeno no solo modifica el pH de las aguas, sino que también amenaza la biodiversidad y la resiliencia de los ecosistemas marinos, convirtiéndose en uno de los retos ambientales más críticos que debemos enfrentar en el siglo XXI.

¿Qué es la acidificación?

Yesenia González, bióloga marina, profesora y coordinadora de proyectos de investigación en la Universidad Marítima de Panamá (UMIP), explica que para comprender este fenómeno es necesario entender el concepto de pH.

El pH es una medida fundamental en química que nos permite cuantificar la acidez o alcalinidad de cualquier solución, incluida el agua marina. Se define como el logaritmo negativo de la concentración de iones hidrógeno (H⁺) presentes en la solución. En una escala que generalmente va de 0 a 14, un pH de 7 indica una condición neutra, valores menores que 7 corresponden a soluciones ácidas y mayores que 7 a condiciones básicas o alcalinas.

En el contexto marino, el pH cobra especial relevancia. Los océanos actúan como enormes reservorios que absorben dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera generado por actividades antropogénicas el cual es absorbido por el agua y se transforma en ácido carbónico, lo que puede provocar cambios en su pH.

Las secuelas de la acidificación son devastadoras. González agregó que “este cambio químico pone en riesgo la vida de especies marinas como corales, caracoles y almejas, que dependen del carbonato de calcio para formar sus caparazones o esqueletos. El aumento de acidez disminuye la disponibilidad de este compuesto, debilitando las estructuras de estos organismos e incluso provocando deformaciones.”

Una gran responsabilidad  
Como Estado signatario del Convenio Internacional para Prevenir la Contaminación por los Buques (MARPOL) 73/78, Panamá ha adoptado diversas medidas para la protección del medio marino. Una de ellas es la Resolución ADM. No. 222-2008 del 7 de noviembre de 2008 de la Autoridad Marítima de Panamá (AMP), que establece las normas para la gestión de desechos generados por las operaciones marítimas. 

Yader Sánchez, subjefe de Prevención y Control de la Contaminación de la entidad, explicó que la Autoridad le exige a las concesiones y empresas con licencia de operaciones de servicio marítimo auxiliar, un plan de contingencia y de gestión de basura. Estos documentos permiten establecer un control riguroso sobre los desechos generados por las embarcaciones, los cuales deben ser reportados mensualmente, especificando información como la cantidad de residuos recogidos y lugar de recolección. Esta trazabilidad permite llevar un registro actualizado de cuánto descarte de líquido y sólido se está llevando a cabo en Panamá.

Sánchez agregó que, como parte de la estrategia de fiscalización y conservación marina, la AMP realiza inspecciones preventivas cada año, las cuales son un requisito para la certificación anual de operaciones. A su vez, ha implementado cinco Puntos Verdes en alianza con empresas certificadas, ubicados en los puertos Brisas de Amador, Panamá, Vacamonte, Mensabé y Pedregal. Estos puntos están equipados con tanques de un metro cúbico (264 galones), conocidos como “tótems”, destinados a la disposición adecuada de aceites provenientes de embarcaciones. Una vez que estos contendores alcanzan su máxima capacidad, su contenido es recolectado por camiones cisterna para su debida disposición final.

Educación, conservación y fiscalización
La acidificación es una amenaza devastadora para la biodiversidad marina y la estabilidad de la cadena alimenticia, que necesita ser visibilizada.  Panamá, gracias a su posición geográfica excepcional—con costas tanto en el Caribe como en el Pacífico— se erige como un actor estratégico en la preservación de los mares y océanos. Sin embargo, ese privilegio va de la mano con el compromiso del país de trascender las normativas y materializarse en una vigilancia constante, la adopción de soluciones ecoamigables innovadoras y la implementación de prácticas sostenibles firmes.            

“La acidificación oceánica no es solamente una crisis ambiental—es una bomba de tiempo para los ecosistemas marinos y las economías costeras”, dijo Steve Widdicombe, copresidente de la Red Global de Observación de Acidificación Oceánica, según sus declaraciones  a Lisa Bachelor en The Guardian.       

Elegir con conciencia, consumir con respeto y formarnos continuamente en temas ambientales representan los pilares fundamentales de este camino hacia la preservación de la vida en nuestro planeta. Panamá, como Estado de Bandera, asume con orgullo y determinación el reto de velar por un futuro en el que la riqueza natural se integre con el progreso y el bienestar global.

BUEN VIENTO Y BUENA MAR: EL COMIENZO DE UNA CARRERA MARÍTIMA

 


Por: Earmy Carcache

¿Alguna vez has escuchado la expresión "¡Buen viento y buena mar!"?

Es más que un saludo. En el mundo náutico, es una bendición y una promesa. Es el deseo de éxito para quienes, con vocación, disciplina y sueños, deciden surcar los mares y abrazar una carrera marítima.

El inicio de este viaje no ocurre sobre las olas, sino en tierra firme, en las aulas donde se forjan los profesionales del mar.

¿Por dónde empezar?

En instituciones panameñas como la Universidad Marítima Internacional de Panamá (UMIP), Columbus University y la Universidad Interamericana de Panamá (UIP), entre otras, se establecen diversos requisitos para el ingreso a la carrera marítima, entre los cuales destacan:

·         Documentación básica: Cédula de identidad personal o pasaporte vigente (para extranjeros), historial académico (Créditos de pre-media y media), foto reciente tamaño carné y el pago por el costo de inscripción (varía según la universidad, carrera, convocatoria y nacionalidad del aspirante).

·         Pruebas de admisión: Se refiere al examen de Ingreso (EPAA), que es obligatorio realizar la prueba de aptitud académica. Para carreras de ingeniería, suele requerirse un puntaje mínimo (alrededor de 1,000 puntos en sistemas similares).

·         Prueba de inglés: El dominio del idioma inglés es fundamental en el sector marítimo, por lo que se realizan evaluaciones para determinar el nivel y una evaluación psicológica, para determinar la idoneidad del aspirante.

·         Requisitos médicos: Debido a la naturaleza del trabajo, los estudiantes deben pasar evaluaciones médicas estrictas que incluyen un certificado de salud emitido por médicos autorizados por la AMP;  pruebas de visión y audición, especialmente críticas para quienes aspiran a ser Oficiales de Cubierta o Máquinas y pruebas de laboratorio que confirmen que no existen condiciones que impidan realizar labores de riesgo en el mar.

Los estudiantes internacionales, deberán presentar el diploma y créditos autenticados por el consulado de Panamá sus respectivos países de origen y por el Ministerio de Relaciones Exteriores y contar con un estatus migratorio definido para estudios.

Desde la UMIP, el profesor Roberto Aparicio, vicerrector académico, nos abre las compuertas de este proceso de "siembra" de los navegantes del futuro, donde todo comienza con el deseo y el compromiso de escoger una carrera.

En primer lugar, los aspirantes deben enfrentarse al examen internacional "College Board", un requisito que mide su potencial académico y le abre el paso a las licenciaturas y diversas ingenierías vinculadas al mar.

Aparicio nos detalla los requisitos de admisión en la Facultad de Ciencias Náuticas de la UMIP, para las carreras de: Licenciatura en Ingeniería Náutica en Navegación, en Maquinaria Naval y en Electrotecnia, los cuales son: Copia de certificado de nacimiento (si es menor de edad), copia de cédula (si es mayor de edad), dos fotografías tamaño carné, copia de boletín de último año (si aún es estudiante) o copia de créditos de bachiller (si ya está graduado); copia de diploma de bachiller (si ya está graduado) y brindar datos que solicita el sistema de inscripción (teléfonos, email, carreras, etc.).

El estudiante debe pagar US$ 50.00 (cincuenta dólares americanos), equivalentes a la inscripción y pruebas. La guía de estudio para la Prueba de Aptitud Académica se encuentra disponible en la sección de Admisión de la página web: https://www.umip.acpa/umip-web/admision.html

El aspirante en la UMIP debe tener una edad mínima de 16 años y saber nadar. Para el segundo semestre los estudiantes extranjeros deben contar con carné de migración, pues el recibo de matrícula del primer semestre es requisito para obtener el permiso temporal por razones de educación.

Evaluando las posibilidades
Las carreras de licenciaturas, que por lo general son de 5 años, surgen de las enmiendas al Convenio STCW (Convenio Internacional sobre Normas de Formación, Titulación y Guardia para la Gente de Mar, 1978, enmendado) que es el estándar internacional básico de la Organización Marítima Internacional (OMI).

Además, la UMIP cuenta con el Instituto Técnico Marítimo, donde se imparten cursos especializados para oficiales y marinos polivalentes, --aquellos que se desempeñan con versatilidad en múltiples áreas operativas-.

Pero más allá de los requisitos académicos, el vicerrector subraya que una carrera marítima exige carácter, compromiso y vocación. "El estudiante debe estar decidido a avanzar, a dominar materias como química, física y matemáticas, acompañadas de programas de entrenamiento y tutorías que fortalecen su preparación".

El dominio del idioma inglés es otro tema fundamental. En la UMIP se imparte desde el primer año, con asignaturas dictadas total o parcialmente en inglés, cursos vespertinos y sabatinos por niveles, y metas anuales de rendimiento, explicó el vicerrector académico.

En el tramo final de la carrera, los futuros oficiales cursan inglés técnico marítimo y se enfrentan al exigente Exit Exam, que certifica sus competencias para trabajar en el ámbito internacional.

Pleno empleo: oportunidades garantizadas

Las alianzas con la Autoridad Marítima de Panamá (AMP), la Cámara Marítima de Panamá y empresas del sector, permiten a los estudiantes realizar prácticas profesionales, investigaciones y giras que los vinculan directamente con la industria.

"Desde que llegan a la práctica, los estudiantes comienzan a integrarse con las empresas empleadoras y a conocer el sector de primera mano", afirma Aparicio. "Cada año organizamos un Open House, en el cual los colegios y futuros aspirantes pueden conocer nuestras carreras, simuladores y programas. Es una experiencia que inspira y orienta", detalló el vicerrector de la UMIP.

Actualmente, la Facultad de Ciencias Náuticas alberga cerca de 750 estudiantes, (70% hombres y 30% mujeres) y cada año entre 100 y 150 jóvenes culminan su formación teórica. En un lapso de hasta año y medio, tras completar sus prácticas profesionales, reciben sus diplomas y solicitan su licencia ante la AMP, convirtiéndose oficialmente en profesionales del mar.

Para Armando Saavedra, fundador y expresidente del Colegio Nacional de Gente de Mar (CONAGEMAR), los conocimientos adquiridos por los marinos en las universidades es  crucial para la carrera:

“Cuando los estudiantes finalizan sus estudios, muchas veces se enfrentan a la realidad: aunque poseen la teoría necesaria, carecen de la práctica y la experiencia requeridas en el mundo laboral. Es aquí donde los miembros graduados de CONAGEMAR juegan un papel vital, al ofrecerles capacitaciones y seminarios, que amplían sus conocimientos.

Esta organización también les facilita las conexiones laborales, ofreciendo a sus miembros, oportunidades de embarques y empleos, lo cual es fundamental en el competitivo mundo de la industria marítima, explicó Saavedra, quien tiene 26 años de experiencia trabajando a bordo de buques mercantes.

Saavedra actualmente es Jefe de Máquinas y posee el título de licenciado en Ingeniería Náutica con especialización en Maquinarias Navales, obtenida en la Escuela Náutica de Panamá (hoy UMIP), donde le fueron inculcados valores, disciplina y cualidades necesarias para enfrentar los retos que se presentan  abordo de los buques.

“He visto de primera mano el impacto que la CONAGEMAR tiene en la vida de quienes aspiran a convertirse en marinos competentes y responsables. La formación y desarrollo de sus miembros es un testimonio de su relevancia continua en el ámbito marítimo y de su dedicación hacia el bienestar de nuestra comunidad profesional”, concluyó Saavedra.

Las carreras marítimas son una puerta abierta al mundo. Permiten recorrer océanos, descubrir culturas y ser parte de una industria en constante expansión, que ofrece pleno empleo y desarrollo sostenido.

Panamá se erige como un faro de oportunidades para sus jóvenes, incluso para aquellos que provienen de hogares geográficamente apartados o con limitaciones económicas, pero con un horizonte de esperanza. Porque navegar no es solo una profesión; es un estilo de vida.

 

CUANDO EL PLANETA RECLAMA HUMANIDAD: EL FUTURO DEL MANATÍ EN PANAMÁ

 

Por: Einar Valdés López

Entre las aguas quietas, donde la luz apenas atraviesa la superficie, surge una silueta robusta que avanza con delicadeza. A primera vista parece un bulto gris, pero cuando emerge para respirar —dejando escapar un aliento profundo— revela su identidad: un manatí.

Con su piel áspera y marcada por cicatrices —muchas de ellas provocadas por las hélices de embarcaciones que irrumpen en su hábitat—, sus ojos pequeños y una mirada que parece pedir permiso para existir, este gigante tímido se desplaza siguiendo un ritmo que solo él entiende.

Es uno de los últimos sirénidos del planeta, un viajero silencioso cuya presencia en los ríos y costas de Panamá habla tanto de la salud del ecosistema como de lo frágil que puede ser la vida que intenta protegerse bajo el agua.

Un habitante invisible

Los manatíes, también conocidos como vacas marinas, son mamíferos acuáticos herbívoros que habitan en aguas cálidas y poco profundas. De naturaleza pacífica y movimientos pausados, pertenecen al mismo linaje evolutivo que los elefantes, una curiosa relación que explica parte de su complexión robusta y su comportamiento tranquilo.

A pesar de que pueden alcanzar pesos que oscilan entre los 500 y los 1,500 kilogramos, estos colosos acuáticos son maestros del camuflaje. Su desplazamiento sigiloso y su preferencia por aguas turbias hacen que pasen desapercibidos con facilidad. La especie se distribuye exclusivamente en el océano Atlántico, y en las cuencas fluviales conectadas a él, donde cumple una función ecológica clave.

El manatí actúa como regulador natural de la vegetación acuática, evita su crecimiento excesivo y favorece el equilibrio del ecosistema. Al hacerlo, contribuye a la circulación de nutrientes y a la creación de condiciones que permiten la supervivencia de otros organismos, lo que lo convierte en una especie sombrilla para la conservación de su ecosistema.

“El manatí tiene un proceso de reproducción de nueve meses; cuando son adultos viven solos, pero cuando están más pequeños sí se agrupan”, explicó Lissette Trejos Lasso, médica veterinaria y directora de la Clínica de Fauna Silvestre del Ministerio de Ambiente.

Cada gestación da lugar a una sola cría, que puede permanecer junto a su madre entre uno y dos años durante la lactancia. La leche materna, rica en grasa, le permite regular su temperatura corporal y adquirir la fortaleza necesaria para resistir los cambios térmicos del agua. Aunque el manatí es un animal de hábitos tropicales, demuestra una notable capacidad de adaptación, desplazándose con naturalidad entre ambientes de agua dulce, salobres y salinos.

Un gigante vulnerable

Existen tres especies de manatíes reconocidas en el mundo. El manatí del Gran Caribe (Trichechus manatus) es el más conocido y el de mayor distribución geográfica; el manatí amazónico (Trichechus inunguis), el más pequeño, es también la única especie que habita exclusivamente en agua dulce; mientras que el manatí africano (Trichechus senegalensis) es el menos estudiado, aunque guarda un gran parecido con su par caribeño.

El manatí panameño (Gran Caribe) tiene dos núcleos principales de población: Bocas del Toro y el lago Gatún. En este último sitio, diez ejemplares fueron introducidos en 1964 para controlar la vegetación acuática del Canal de Panamá: primero un macho amazónico proveniente de Perú y, posteriormente, otros nueve trasladados por vía aérea desde Bocas del Toro, entre ellos una hembra preñada.

Según el doctor Héctor Guzmán, científico del Smithsonian Tropical Research Institute (STRI), los estudios más recientes han permitido identificar alrededor de 50 individuos en el lago Gatún, mientras que en Bocas del Toro se estima una población de entre 100 y 120 manatíes, de acuerdo con cifras de 2024.

A pesar de su cuerpo robusto y su tamaño imponente, el manatí enfrenta múltiples amenazas. “Más allá de la divulgación, hay que tratar de dejar claro a las personas que deben comportarse mejor, en particular con la velocidad de las embarcaciones en las áreas donde habitan los manatíes y evitar el uso de redes de pesca en ríos y lagunas”, manifestó el doctor Guzmán.

También explicó que “otro riesgo, aunque se ha reducido drásticamente desde la década de 1970 —cuando los manatíes eran atrapados para la venta de su carne—, es la caza. Actualmente no se trata de una práctica dirigida, sino de un hecho fortuito que ocurre principalmente en algunas zonas de la comarca Ngäbe-Buglé”.

La pérdida de su ecosistema y la contaminación representan amenazas para la conservación del manatí. Son daños que no se perciben de inmediato, pero que van minando lentamente la salud de la especie.

En Panamá, el manatí está protegido desde 1967 mediante el Decreto No. 23 para la vida silvestre y declarado en peligro de extinción por la resolución DIR-0002-80. Además, la Ley del Corredor Marino prohíbe su captura letal, y marcos más amplios como la Ley General de Ambiente y la Ley de Derechos de la Naturaleza obligan al Estado a proteger sus hábitats y procesos ecológicos.

Su captura y comercialización están prohibidas desde la década de 1960 mediante disposiciones sobre vida silvestre; sin embargo, no hay una ley específica dirigida a su amparo.

Entre la ciencia y la esperanza

La conservación del manatí requiere, inevitablemente, de una relación más respetuosa entre los seres humanos y el entorno que compartimos con esta especie.

“Este es un animal carismático, con un rol fundamental para el ecosistema. Su conservación depende estrechamente del comportamiento que tengamos con ellos y sus hábitats”, recalcó la doctora Trejos.

Los especialistas coinciden en la necesidad de fortalecer el trabajo con las comunidades donde habita la especie, a través de procesos de educación ambiental y campañas permanentes que refuerzan en la conciencia colectiva su existencia, su valor ecológico y su vulnerabilidad.

A escala regional, se estima que entre 10,000 y 13,000 manatíes sobreviven en América, desde el sureste de Estados Unidos hasta el noreste de Brasil, incluyendo las poblaciones del T. manatus y del T. inunguis, de acuerdo con la consolidación de informes de organizaciones líderes en la conservación marina y biológica de sirénidos. Sin embargo, la población del Gran Caribe se estima en 2,500 animales, por lo cual es catalogada como especie amenazada.

En Panamá, los esfuerzos de protección también se reflejan en el ámbito institucional. La Autoridad Marítima de Panamá (AMP) ha firmado acuerdos con el Ministerio de Ambiente para establecer marcos normativos que regulen la navegación en zonas sensibles y protejan los ecosistemas marinos donde habita esta especie.

En septiembre de 2025, la AMP realizó jornadas de educación marítima y ambiental en escuelas de Almirante, Bastimentos e Isla Colón, en Bocas del Toro, donde 760 estudiantes recibieron orientación sobre la protección del manatí y su hábitat en el Parque Nacional San San Pond Sak.

Los instructores también destacaron que la presencia del manatí representa un potencial atractivo turístico para la región, siempre que su observación se realice de manera responsable y respetuosa, según explicó Jorge Chin, coordinador provincial de la AMP en Bocas del Toro.

A ello se suma la implementación de proyectos para la remoción de redes fantasma, destinados a evitar que muchas especies, incluidos los manatíes, queden atrapadas o resulten heridas por desechos de pesca. No obstante, en ríos y humedales estas prácticas siguen siendo frecuentes.

Entre ríos, lagunas y costas, el manatí continúa su recorrido anónimo, ajeno a muchas de las decisiones humanas que definen su destino. Protegerlo es una apuesta por el equilibrio y la vida. Y mientras existan personas dispuestas a escuchar el ritmo pausado de estas aguas, aún será posible escribir una historia de esperanza.


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