Navegación Autónoma: el futuro es hoy

Por: Joaquín Díaz

Podría sonar como un eco de la literatura industrial del siglo XIX, cuando el novelista francés Emile Zola describía la irrupción de las máquinas en faenas que antes eran patrimonio exclusivo de los hombres, o cuando Dickens retrataba la tensión entre la mano humana y el engranaje metálico. Hoy, esa misma pregunta resurge en el mar: ¿qué ocurre cuando los buques comienzan a navegar sin capitán ni tripulación?


La aparición de los
Maritime Autonomous Surface Ships (MASS) obliga a repensar si deben considerarse simples “drones marítimos” o verdaderos buques bajo la legislación vigente. Esta redefinición no es un detalle técnico: es la llave para que Panamá, potencia registradora de naves, pueda regular y acoger embarcaciones de nueva generación. En un mundo donde la industria marítima internacional vive una transformación acelerada, el país se enfrenta al reto de decidir si quiere ser espectador o protagonista de la revolución autónoma.

Redefinición del concepto de buque
La aparición de naves autónomas obliga a preguntarse si estos deben considerarse drones marítimos o verdaderos buques bajo la legislación vigente. La solución de esta interrogante es clave para que Panamá pueda registrar y regular embarcaciones de nueva generación.  De aquí el primer reto jurídico de la nueva figura.

Al respecto, Margareth Mosquera, abogada panameña especialista en Derecho Marítimo, subraya que las leyes deben evolucionar hacia una definición integradora: un reconocimiento del concepto de “buque”, capaz de abarcar estructuras destinadas a la navegación sin importar su finalidad.

Entre control humano y algoritmos invisibles        
Félix Sarlat, Ingeniero en Ciencias Náuticas con especialidad en MASS, advierte que la convivencia entre buques tradicionales y autónomos traerá ventajas —como la rebaja o eliminación del riesgo de accidentes causados por el factor humano debido a diferentes variables como: la reducción de fatiga, errores, método de respuesta ante incidentes, seguimiento de instrucciones, evitación de colisiones o encallamientos, entre otros.

Pero para los Sistemas de Navegación Autónoma (SNA) se generarían otros riesgos, que, a diferencia de los buques convencionales, no representan un riesgo tan significativo como lo son la ciberseguridad, fallo en los sensores, latencias o pérdidas de la señal, por colocar sólo algunos ejemplos.

 GRADOS DE AUTONOMÍA DE LOS SISTEMAS DE NAVEGACIÓN

·         Grado uno: Buque con procesos automatizados y apoyo a la toma de decisiones. Los marinos están a bordo para operar y controlar los sistemas y funciones a bordo. Algunas operaciones pueden estar automatizadas y, en ocasiones, no supervisadas, pero con marinos a bordo listos para asumir el control.

·         Grado dos: Buque teledirigido con marinos a bordo. El buque se controla y maneja desde otro lugar, pero hay tripulación que entra en juego en caso de emergencias.

·         Grado tres: Buque teledirigido sin marinos a bordo: El buque se controla y maneja desde otro lugar. No hay marinos a bordo.

·         Grado cuatro: Buque totalmente autónomo: El sistema operativo del buque es capaz de tomar decisiones y determinar acciones, sin intervención humana.

 Franklin Espinosa, quien lidera la Oficina de SEGUMAR Tokio, destaca que, en la realidad panameña.  “El grado más viable y recomendable sería el 1, con posibilidad de grado 2— donde aún existe supervisión humana a bordo o en tierra—, dependiendo del tipo de operación”.

La vida humana como valor supremo        
Cuando a mediados del siglo pasado el escritor Isaac Asimov imaginó sus Tres Leyes de la Robótica, colocó en el centro la protección de la vida humana, la obediencia a las órdenes y la preservación de la propia máquina. Hoy, esas leyes parecen resonar en los siete mares, donde los MASS comienzan a desafiar la frontera entre ciencia ficción y realidad.

La Organización Marítima Internacional (OMI) sostiene como pilares la salvaguarda de vida humana en el mar, la protección ambiental y la seguridad de la navegación. Para los MASS, esto implica nuevas regulaciones que entrarán en vigor de forma obligatoria en 2032, tras una fase de pruebas y acumulación de experiencias (2026–2028). 

La reducción de tripulación no elimina la necesidad de protección laboral. Mosquera propone ampliar el concepto de “gente de mar” hacia “trabajador marítimo”, incluyendo a operadores remotos y técnicos en tierra.

La visión de Panamá es clara: liderar el sector marítimo hacia una nueva era donde la tecnología y la experiencia humana trabajen en armonía para ofrecer un transporte marítimo más seguro, inteligente y sostenible. Al adoptar la innovación y, al mismo tiempo, mantener los más altos estándares de gobernanza y seguridad, Panamá no solo responde al cambio, sino que marca el rumbo.

Cuando las piezas encajan   
Los tres especialistas consultados coinciden en que la autonomía depende de la integración de tecnologías avanzadas:

·         Sensores y sistemas de navegación inteligentes (Inteligencia Artificial para detección de riesgos y optimización de rutas). 

·         Ciberseguridad robusta, para evitar accesos no autorizados y pérdida de control.

·         Redundancia en comunicaciones y posicionamiento, como los proyectos británicos que buscan independencia del Global Navigation Satellite System (GNSS).

·         Interfaces humano–sistema, que permitan supervisión clara y toma de control inmediato en caso de fallas.

Espinosa enfatiza que la autonomía no implica un buque “nuevo”, sino una evolución del puente de mando y de la forma en que la nave interpreta su entorno.

En blanco y negro    
Ejemplos como el Evermax de Evergreen, que navegó más de 5,000 millas náuticas de forma autónoma en 2025, muestran que esta tendencia ya es una realidad. Japón, Corea del Sur y Europa del Norte lideran proyectos piloto, mientras que el Reino Unido utiliza sus aguas como “laboratorio vivo” para pruebas de nivel 3 y 4.

Panamá, por su parte, ha autorizado ensayos de buques MASS bajo bandera nacional, como el Iris Leader, que cumplen con las directrices provisionales de la OMI. Esto demuestra la disposición del país para apoyar a armadores y operadores en la transición tecnológica.

A nuevas realidades, nueva regulaciones

El reto para Panamá es doble: 

1. Actualizar la legislación marítima para reconocer y regular los buques autónomos y la legislación laboral marítima, para seguir protegiendo los nuevos roles humanos en esta cadena de nuevas realidades.  
2. Formar competencias técnicas en su personal, para asegurar que quienes conocen los buques tradicionales puedan adaptarse a los nuevos sistemas.

Mosquera enfatiza que el derecho debe ajustarse a la realidad tecnológica, no al revés. La regulación debe prever responsabilidades en caso de accidentes: ¿será responsable el creador del software, el armador o el fabricante del casco?

La marina mercante panameña abanderada por el Registro de Naves de la Autoridad Marítima de Panamá (AMP), tiene la oportunidad de reforzar su posición si logra adaptarse rápidamente. Los MASS representan:

·         Ventajas: reducción de costos operativos, mayor seguridad frente al error humano, competitividad internacional. 

·         Desafíos: elevada inversión económica en infraestructura portuaria y software, capacitación de personal, actualización normativa y gestión de riesgos cibernéticos. 

Sarlat resume el reto en una sola palabra: “Sinergia”. La integración segura y eficiente de la navegación autónoma requiere cooperación entre tecnología, puertos, autoridades y tripulaciones.


La supervivencia del más apto: identificando oportunidades        

Los entrevistados reflejan trayectorias que combinan experiencia operativa, visión regulatoria y compromiso institucional. Sus aportes ilustran que la transición hacia la autonomía no es solo tecnológica, sino también humana y cultural.

El código MASS hasta el momento resalta las siguientes posiciones “nuevas”: Remote Operators or Pilots, MASS Captain, Remote Marine Engineers, Remote Operation Center Supervisor y MASS Data Analysts/Operator, entre otras.

La aprobación de sistemas autónomos por la marina mercante panameña marca el inicio de una nueva era, donde la tecnología y el derecho convergen para garantizar seguridad, sostenibilidad y competitividad. El desafío es enorme, pero también lo es la oportunidad: consolidar a Panamá como pionero en la regulación y operación de buques autónomos.

“El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas.”

William Arthur Ward

 

 

 

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